EL CULTO DE LOS LIBROS

De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro.  

Los demás son extremidades de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es posible. Se dirá: qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye así mismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para l memoria.

Los antiguos no profesan nuestro culto al libro, ya que veían a la palabra escrita como algo muerto. Pitágoras no escribió porque no quiso atarse a la palabra escrita, pues quería que su pensamiento viviese más a la de  su muerte corporal en la mente de sus discípulos, y de esta forma ellos tuvieran la libertad de seguir pensando y repensando el pensamiento inicial de su maestro. Platón veía los libros como efines (puede haber estado pensando en esculturas o en cuadros), que no cree que están vivas, pero si se les pregunta algo no contestan. Entonces, para corregir esa mudez de los libros, inventa el diálogo platónico y de estas formas se multiplica los personajes: Sócrates Gorgias y los demás.

Ahora vemos las bibliotecas como se fueran gabinetes mágicos, en donde están encantados los mejores  espíritus  de la humanidad, espíritus que esperan  nuestra palabra para salir de su mudez. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada, absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro. Si leemos un libro antiguo, es como si leyéramos todo el tiempo que ha trascurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. Podemos no estar de acuerdo con las opiniones de autor, pero el libro conserva algo sagrado, algo divino, que renueva en nosotros el deseo de encontrar la felicidad, de encontrar sabiduría.

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