LECCIONES DE VIDA

 

“…Un país donde no se escuchan quejas, donde prácticamente no existen la protesta y la movilización ciudadana: una suerte de dilatado desastre en cine mudo…”  William Ospina.

Con tan ilustres palabras William Ospina, uno de los ensayistas más destacados y controversiales de nuestro país, nos argumenta en este párrafo de su obra ¿Dónde está la franja amarilla? Que en nuestro país no hay sentido de revolución, Colombia es muda ante las atrocidades que viven diariamente sus habitantes. Más adelante Ospina da la explicación  a esta situación: “…mientras en todo país democrático el derecho al reclamo, la indignación y la resistencia a la opresión son pilares de la vida social, aquí toda indignación popular es causa de feroces persecuciones…” Sin embargo la amenaza no es excusa para dejar de protestar por la violación de nuestros derechos, por el contrario es un motivo que debería entusiasmar nuestra lucha.

La situación del país por primera vez es algo que no voy a criticar, lo voy a comparar con el medio que me rodea diariamente: mi colegio. El colegio es la institución que debe velar por el desarrollo integral de los estudiantes, cuando hablo de desarrollo integral me refiero al aspecto académico, disciplinario y humano que debe caracterizar a todo estudiante de cualquier plantel educativo. En el colegio se construye los primeros valores que ha de desarrollar la persona durante su vida; se forma el carácter, se aprende a opinar con autonomía y liderazgo, se enseña a expresarse libremente y a tener en cuenta que toda opinión debe estar respaldada por un argumento justo y verdadero.

Ahora, si no se cultivan estos pilares de la formación en el ser humano, que deben ser prioridad en el colegio, ¿Cómo esperamos a que una persona pelee cuando violan sus derechos en su trabajo, en su universidad, en su labor diaria? Esta es razón por la cual vemos una Colombia forzada, abusada, y cansada de las marchas y peregrinaciones que nunca marcan la diferencia. Lo más decepcionante, es que en nuestro colegio vivimos en esta abusadora situación. En la mañana el Pilar se ha transformado en una dictadura que ha durado por años sin aceptar opinión alguna, matando ideas jóvenes y destruyendo lazos de unidad y amistad entre estudiantes que lo único que buscan es ser escuchados, ser  corregidos pero no reprimidos.

En nuestra jornada no se percibe que un estudiante pueda expresarse libremente sin tener que afrontar consecuencias académicas, ya que la solución de algunos encargados no es escuchar, sino obligar y acomodar a sus necesidades nuestro pensamiento. Piensan que con atemorizar a los estudiantes consiguen el respeto y el honor, lo más increíble es que se sienten orgullosos de ello, cuando el papel que cumplen dentro de nuestra “sociedad estudiantil”  no es más  que la de una guerrilla corrompida por la avaricia del poder.

Así, cuando en el colegio no se crean VERDADEROS  espacios donde prime la libre opinión es imposible el cambiar nuestras debilidades en fortalezas y aún más inalcanzable lograr nuestra UNIDAD como estudiantes.

En estos momentos observamos los continuos logros que han obtenido nuestros compañeros de la tarde, jornada que admiro por su tenacidad, liderazgo y perseverancia por cumplir sus metas. Prohibamos  la opinión de los estudiantes de la tarde, situémoslo en un medio de opresión, y tendremos a cada uno de ellos fuera de los salones de clase en compañía de sus docentes, los cuales apoyan  cualquier determinación del estudiantado, protestando y acusando la violación a sus derechos. Porque en la tarde si se ha enseñado a expresar sin humillar, a opinar sin ofender, a discutir y argumentar.

Si queremos una jornada unida, debemos pelear y luchar por que se nos respete nuestra palabra, que con expresiones sólidas tengamos la capacidad de protestar cuando se nos obliga a cambiar de pensamiento, y aún peor, cuando se nos exige a luchar por algo que no estamos de acuerdo. Acusemos cuando se nos presentan estas situaciones, busquemos y lidiemos con una jornada unida, consiente que el estudiantado es la columna vertebral del colegio y que la institución como tal debe crear un ambiente en el cual el estudiante pueda desarrollar libremente su personalidad, su carácter y pueda opinar todo pensamiento que pasa por su mente, de forma coherente y respetuosa, causando conmoción más no violencia e indiferencia.

Compañeros no nos traguemos nuestras propias palabras, no tengamos miedo a expresarnos, digamos lo que sentimos en el momento y lugar preciso y, por supuesto, a la persona indicada.

Creando un ambiente escolar libre y democrático, diseñaremos un país donde la diferencia de pensamiento sea una fortaleza; donde la opinión represente el cambio que necesita nuestra nación, así que empecemos desde ya ese cambio. Para la promoción 2009 es el último año, no dejemos pasar la oportunidad de dejar huella.

Recordemos que cada uno de los pensamientos que pasan por nuestras precipitadas  cabezas es la luz tan necesitada dentro de las tinieblas de nuestra corrompida sociedad colombiana.

Autora:

 Srt.   Diana Ximena Machuca Peréz del Grado 11-05

 

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