Nada se consigue con la arrogancia

Publicado: 21 agosto, 2012 en Blogroll

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Como un arrogante, así se ve  todo aquel que tiene la fea costumbre de diferenciar o ‘medir’ a las personaspor sus condiciones económicas, sus apellidos, sus credos o sus físicos. 
Alguien así se parece al inquisidor del ayer, que les medía el largo de la lengua a las llamadas brujas solo para cortárselas antes de enviarlas a las hogueras.
Una persona que haga eso se comporta de una forma fría y calculadora; y, de manera desafortunada, no deja de ser un egoísta más.
Más le valdría a quien asume esa actitud mezquina habilitarse un sello en su boca, para que no diga lo que no deba decir y no se pierda por su destructora lengua.
Marcar la diferencia en la forma como aborda a sus semejantes, dependiendo de la cuna, la plata, el cargo o el estrato, jamás será una actitud sana.
Nunca se sienta ‘poderoso’ ni se sumerja en la arrogancia, porque ella es el disfraz de las peores bajezas del mundo actual.
No les haga sentir a quienes le rodean que son incapaces; tampoco les cierre la puerta a aquellos que no disponen de la misma fortuna que usted.
Así esté en la cima del éxito, no discrimine a nadie. Recuerde que hasta los gigantes dinosaurios, aquellos que mandaron en el pasado, también tuvieron sus propias jaulas.
¿De qué le sirve sacar pecho por un triunfo, si no es capaz de compartirlo?
Haga lo de las flores, que nos hacen sentir bien a todos por igual, no solo porque son naturales, sino porque siempre nacen con la primavera.
Porque, ha de saber que una flor jamás escoge quién percibirá su olor. Ella no se pone a comparar su fragancia con otras esencias de su jardín, ni mucho menos se hace la disimulada para que alguien no sienta su aroma.
Ella trata igual a la abeja que desde el cielo le coquetea, al gusano de los tallos de sus árboles o al enamorado que la utiliza para lograr sus conquistas.
Mejor dicho: una flor no sabe diferenciar, jamás separa, ni sería capaz de apagar su encanto para que que alguien no la detecte.
No sea miope tratando a los demás. No sea un ciego espiritual; deténgase por un momento a pensar en el dolor y en las angustias de nuestros vecinos.
Todos debemos ser amables y manifestar al menos una gota de consideración hacia cualquier persona que toca a nuestra puerta.
La vida nos debe medir a todos por igual. Ser afectuosos y afables no cuesta ni un solo peso y, en cambio, ese trato no demora ni un segundo en convertirse en una actitud que nos predispone a sentir y a comportarnos con amabilidad. 
Además, todo lo bueno que les hagamos a nuestros semejantes, serán semillas que germinarán para dar fruto en el momento oportuno. 
Aunque no lo crea, la amabilidad se devuelve con una sonrisa al lugar donde partió. El buen trato germina, se traduce en equidad y engrandece su alma.

No les dé patadas a quienes están caídos; todo lo contrario, extiéndales su mano amiga. Recuerde que, estar anímicamente dispuesto a agradar a los demás hace que la vida le resulte más bella. Haga el intento de ser amable y verá los positivos resultados que consigue.

Inquietudes
Responda los siguientes interrogantes
¿Le gustaría que le dieran las órdenes tal como usted se las da a los demás?
¿Aplaude de la misma forma como cuando lo felicitan?
¿Se esfuerza por presentar un rostro más risueño, sin importar quién esté al frente?
¿Se pone en los zapatos del otro?
¿En su oficina atiende a todas las personas por igual?
¿Cuántas veces se ha mirado al espejo este mes para ver si su rostro es agradable y bondadoso o más bien desabrido y demasiado serio? 
Tenga presente que su cara les pertenece a los demás. 
Por eso, cabe una nueva pregunta: ¿Qué regalo le está dando a la gente que lo rodea con su semblante?

HISTORIA
Cuando los humanos vieron por primera vez al camello se asustaron; y atemorizados por su gran tamaño se alejaron de él.
Pasado el tiempo y viendo que era inofensivo, se envalentonaron y se acercaron otra vez al frágil animal,
Luego, viendo poco a poco que el camello no conocía
la cólera, llegaron a domesticarle hasta el punto de colocarle una brida, dándoselo a los niños para conducirlo. 
Pero, nadie se ha preocupado por la joroba del animal.
Para el caso de nuestra vida, deberíamos tener presente que todo el mundo tiene guijarros en los zapatos.
¡Póngase en el calzado de esa persona que usted tanto critica y experimentará lo que ella siente!
No sea esa piedra en el calzado de su prójimo; ¡mejor compréndalo!

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s